martes, 28 de junio de 2016

GIGANTES BONACHONES (REQUIEM POR BUD SPENCER)



Anoche me fui a la cama con la trágica noticia de la muerte de Zapatones, Banana Joe, el Super policía, el grandullón imposible de tumbar, las manos más grandes del cine, la barba más reconocible y capaz de hacer palidecer al mismísimo Chuck Norris. El eterno bonachón que repartía mantecaos con la mano abierta, siempre en pos de la justicia y a favor de los más desfavorecidos. Sí, murió Bud Spencer, el nombre artístico de Carlo Pedersoli.
No voy a hablar de su extensa vida, todos sabemos que fue un campeón  en natación y que fue buena persona dentro y fuera del cine. Tampoco voy a decir que era mal actor, él mismo lo decía, ni que sus películas eran siempre iguales, pero a mí siempre me hacían reír; y aún hoy lo consiguen. Algunas me las sé de memoria, todo lo que va a pasar, y esa musiquilla tan característica de “Y si no, nos enfadamos” o “Banana Joe”. Son películas sin más pretensión que la de entretener, y hacer justicia a su manera, provocando en nuestro pequeño mundo esa punzada de esperanza por un mundo donde los malos al final paguen por sus pecados.

Pero sobretodo, lo que más me gusta de las pelis de Bud Spencer y Terence Hill, es el recuerdo de verlas con mi padre. Somos fans, y el día que no esté conmigo, seguramente iré a mi casa, desenpolvaré mi caja de dvds donde guardo la colección completa (sí, las tengo todas) cogeré una de sus preferidas,(cualquiera de la trilogía de Trinidad, y Si no, nos enfadamos, Estoy con los Hipopótamos, Dos super policias en Miami o Quien tiene a un amigo tiene un tesoro) me pondré a verla con un vaso de su vino, y viajaré en el tiempo como siempre hago con cada película del dúo de los mamporros tiernos, sí, tiernos, porque ellos me enseñaron que una película de guantazos podría ser tierna en cada mandoble.


Mi padre yo nos hemos partido de risa hasta la lágrima, da igual las veces que la hayamos visto, siempre nos reímos. El malo de turno que siempre pilla doble, las manos veloces de Terence Hill, la desgana de Bud, maleantes que cae como sacos de patatas, otros que vuelas por los aires, tíos como castillos que salen corriendo con el cuerpo, y el orgullo, dolorido, carreras imposibles, planes locos que guardan sorpresas, alubias, sartenes de lentejas. Desde que vi “Le llamaban Trinidad” empezaron a gustarme las lentejas, y soñaba con el día en que mi madre me dejara comer de la sartén. Aún recuerdo el primer que lo hice, en mi primera casa, solo en la cocina, con una sonrisa tonta, de chiquillo que la final se ha salido con la suya. Esas tonterías que nos diferencian y hacen que el día pase mejor.

Es un secreto, pero en nuestro cortijo, mi padre y yo, no sacamos platos, nuestras cucharas viajan a la sartén, ya sea de migas o carne al ajillo, y vino si es invierno, y cerveza si es verano. Padre e hijo, el monte, el aire de la sierra y una tierra que acogerá sus cenizas y las mías.

Las películas de Bud Spencer y Terence Hill, junto a los western y el Real Madrid, son de las pocas cosas que tengo en común con mi padre, y esa circunstancia provoca que me gusten más si cabe. Además, el grandullón siempre me ha recordado un poco a mi progenitor, esa barba perenne, esas manos enormes capaces de acoger a una guardería entera de bebés que de parar un tren. Esa desgana con la que miraba a Terence Hill cuando le contaba sus locos planes o sus tejes manejes para engatusarlo me recordaban a mi padre y a mí, cuando quería que me llevara a algún sitio o pedirle dinero sin permiso de mi madre. Él era Bud Spencer y yo Terence Hill, él la tranquilidad y yo el nervio, él la fuerza, yo el verbo, él esfuerzo, yo determinación.

No me imagino un día sin mi padre. Aunque este lejos, aunque no pase un día sin verlo, no me gusta la idea de saber que no estará ahí, sentado en el cortijo, mirando sus parras, cavando en la tierra, o en el sofá viendo una del Oeste.



Como pasa con las muertes de los famosos, ahora saldrán admiradores de debajo de las piedras, ahora todos dirán que veían sus películas y a todos les encantaban. Veremos millones de camisetas de Bud Spencer y reposiciones en televisión. Pero hoy no voy a quejarme porque me alegro, porque se lo merece, porque Bud será inmortal. Y cada vez que vea la cara de Bud, siempre me visitará mi Delorian particular para viajar en el tiempo con mi padre. Mi padre, el hombre de la barba eterna, ajeno a modas vintage y tendencias hípster, que de joven movía fregaderos de mármol de doscientos kilos como el que lleva un libro de la enciclopedia Espasa Calpe. Ese hombre cuyas manos son tenazas irrompibles, músculos de piedra, mirada de actor de cine, y bondad en su cara. Un socialista convencido que sufre con las diferencias sociales, un currante hercúleo que derribaría una montaña con un martillo y un cincel.


También me recuerdan, esas películas del gordo y el flaco, como las llamaba mi abuelo, a mi amigo Juanma y a mí, otro grandullón que es puro corazón, y que cuando estoy a su lado, yo parezco más pequeño y él más grande. Le he metido en mil fregados y pedido más favores que a nadie, y él, con esos ojos azules, transparencia de su amabilidad celestial, miraba para otro lado como si fuera a decir que ni hablar, que no podía, para terminar aceptando con la voz, mirarte de nuevo y asentir por completo. Un amigo sin paliativos. Otro hombre por el que me partiría la cara con quien fuera.


Hoy brindo por esos hombres buenos, fortachones llenos de bondad pura, grandullones de sonrisa amistosa, gigantes de cara agradable. Hoy quiero hacer un brindis por los hombres nobles, por los que tratan de evitar las injusticias, por los que no fallan a su palabra, por los que dan la mano de verdad, por esos hombres que van de frente, por esos hombres fieles a su amor, a su amistad, a sus ideas y a su código. Larga vida para todos vosotros.

Descansa en paz Bud, dónde estés, han ganado un salvador. Dale fuerte a los malos.

sábado, 5 de marzo de 2016

¡¡tres hurras por el auto placer femenino!!



Abro esa herramienta genial para perder el tiempo llamada Facebook, llena de comentarios políticos, xenófobos, racistas, embustes y falsas noticias; plagado de videos tutoriales, gansadas y gaticos muy monos. Y de vez en cuando te topas con algo interesante, de vez en cuando.  Esta misma mañana, cansado ya de editar y trabajar, decidí bucear entre autores que me gustan, y ver alguno nuevo, y descubro una noticia que me deja perplejo y con cierta rabia contenida. Facebook bloquea la página de Luna Miguel, una escritora que presenta un libro sobre el auto placer femenino, la masturbación de la mujer, ese tema que por lo visto para algunos sigue siendo un tabú, para otros un misterio, incluso continúa habiendo enfermos que lo verán como algo repulsivo y obsceno. Puede haber algo más bonito  y sensual, algo más erótico que una mujer tocándose, acariciando su cuerpo, sus pechos, sus muslos, sus ojos cerrados imaginando a ese o esa  amante perfecto, quizás recordando algún amor, una fantasía, o solo sintiendo cada poro de su hermosa piel. Humedecida y caliente, palpando esos escondites que tan bien conoce, explorando su universo sensitivo, acelerando el ritmo de su mano y sus caderas poco a poco hacia el éxtasis final, retomando la respiración después de haber alcanzado la cima de su montaña íntima. Que envidia me da el placer femenino. Abrazados a vosotras podemos sentiros, mojar nuestras manos con vuestro elíxir, sentir como aumenta vuestro bendito caudal, como alcanzáis el culmen una y otra vez, como disfrutáis cuando las caricias son efectivas y duchas. El perfume de vuestro cuerpo sosegado tras el placer, los besos con cierto sabor a hierro que delatan vuestros orgasmos,  los besos de vuestras bocas generosas. ¿Cómo no amaros, cómo no perder la razón?

Es inaceptable que se censure tal ejercicio de sinceridad, belleza y salud, porque el sexo, el buen sexo, el conocerse a uno o a una misma, es salud. El denunciante no puede ser otro que un taimado imbécil, un misógino retrógrado, mezquino y cobarde, al que seguro, le sonará a chino el orgasmo femenino.  Palurdo ignorante, machista recalcitrante, escupitajo insignificante que no te mereces ni el beso más triste.

Luna Miguel, que tengas muchísima suerte con tu libro.

Ánimo 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

CARTAS DESDE EL ARRECIFE



Encerrado en mi tienda pienso en lo jodido que es levantar cualquier cosa en este país absurdo. Nadie tiene ni idea de qué hacer con nosotros y eso que siempre hacen lo que quieren pues nos dejamos.  Arreglamos el país en los bares pero no movemos un dedo por nada ni por nadie. Ni siquiera hacemos caso al camarero que espera con infinita paciencia que se calle el que está hablando para que le diga qué desea.

Esperamos a nuestro Nerón y que arda todo. Y así resurgir de nuestras cenizas, aunque ya hubo cenizas, sangre y dolor, más nada hemos aprendido pues parece que su lavado de cerebro funcionó.

Pero no voy a hablar de política. 
Estoy agotado.  
Estoy en el arrecife aguantando el tipo.


Buscamos incesantemente sentir algo,  sentirlo de verdad. Para demostrarnos que no estamos muertos. Que aún late algo bajo nuestro pecho. Por eso me sorprendo cuando alguien reacciona a la par que mis palabras, cuando dos sonrisas surcan la ola a la vez.

Pero puede que la ola pase, y en la orilla se quede ese proyecto, ese futuro imaginado, esa maleta apenas preparada.  Que el viaje sea tan lejos que ni el olvido pueda acompañarte.

Los recuerdos pueden asesinar, pero las llamas del dolor pueden quemarte hasta la razón. Y te aferras a tu libertad, esa  que se deja vislumbrar después de pagar tus impuestos y dar gracias por no haber muerto de un ataque al corazón. Y sales a la calle a reír. Es gratis.


La besaste, a ella le gustó. Siempre les gusta. Me gustaría escribir una carta a cada una de ellas, pero gasté las letras en mensajes en botellas arrojadas al mar que me ahogaba. Naufrago soy de mares tan absurdos como errores comete uno en su vida. Me enamoro en un segundo y al minuto quiero volar, lejos, lejos del mar, lejos de todo. Tuve lo que pedí pero lo rechacé. Parece que soy como esta tierra absurda nuestra, como este país de locos, ladrones y poetas; que cuanto más nos joden más nos gusta.


Este es el último escrito del año y las tripas me aprietan para que escriba de un recuerdo, pretérito pero latente, aunque cada vez más lejano y extraño. No, hoy quiero escribir a lo nuevo, a esas sorpresas que te pillan con la guardia baja aunque siempre lleves el escudo presto.  Hay quien se merece ser amada, en todo su sentido, pero algo ocurre, el resorte no se dispara y el invento hay que detenerlo antes de que explote en tu cara. En cambio llega de la nada, entre la niebla, camuflada tras una gran sonrisa, la locura, la sinrazón. El logaritmo que no te deja dormir por las noches, que te desconcentra y te atonta por completo. Aunque el lobo sigue dentro y aúlla para que no te duermas. 
Ella canta a mi oído con voz angelical, se acerca a mi cuerpo con sigilo demoníaco, me roza la piel con deseo culpable. La verdad llega demasiado tarde, ¿pero qué importa? En el frío solo importa el calor del fuego, que ilumina su cuerpo desnudo. Hay dos ascuas más, fuera de la chimenea, son sus dos ojos que reflejan el yin y el yan, y su boca que ya me ha hipnotizado, oxígeno para mi sangre.

Cada historia es distinta aunque se parezcan, cada historia late por si sola y ella es distinta aunque suene parecida la melodía de sus cantos. En tu pecho acostada la miras muerto de miedo, ¿no te habías puesto los tapones para los cantos de sirena? Entonces que hace ella ahí y tú quieto mirándola… el arrecife se acerca cuando ella habla, tu barco se adentra en las rocas. No debiste salir la noche de tormenta.

martes, 6 de octubre de 2015

Relatos Eróticos I



Lenta pero intensamente, como ella sólo sabía hacerlo. Lo miraba de reojo para ver su cara de placer, su boca entreabierta y sus ojos cerrados, extasiado.  Verlo como disfrutaba a ella la excitaba más aún, y aceleraba el ritmo frenético de su lengua y su boca.   
Sentía la rigidez del miembro de su amante y deseaba subirse encima cuanto antes.  Pero él se la trajo hacia si por los brazos y como si fuera la última vez la besó. Sus lenguas jugaban mientras sus manos buscaban el sexo del otro. Ella estaba húmeda, hacía demasiado tiempo que no estaba tan excitada. Sin saber por qué se puso a recordar cómo lo conoció y ahora le parecía mentira aquella aventura. Sonrío para su alma, desconocía la meta, el final de aquella locura, pero el presente era tan agradable que no pensaba en otra cosa nada más que cuándo sería la próxima vez.
Él paró de besarla, la tumbó en la cama, eso a ella la sorprendió  pero su espalda se arqueo de puro placer cuando él se puso a jugar con sus muslos, mordiéndolos y bajando hasta su mismo clítoris, el cual besaba despacio y muy suave, casi demasiado despacio, pues ella estaba demasiado caliente. Todo cambió cuando él aceleró su lengua e introdujo un dedo en su mojada vagina. Ella no pudo contener el torrente, sus muslos temblaron, su deseo era tan grande que no pudo aguantar el orgasmo. Después él se introdujo dentro de ella, despacio, dando tiempo a que ella bajase de ese cielo efímero al que subimos cuando llegamos al éxtasis final.  Sus caderas pedían más. Y así se lo hizo saber, sin hablar, con el cuerpo, el más rápido y comprensible de los idiomas.  
 Ella arañaba su espalda y mordía sus hombros, él aviso de que se desbordaba, ella saboreó su segundo orgasmo y justo a tiempo desbocó un río blanco que surcó sus pechos erectos. Abrazados  siguieron besándose embriagados, colocados de puro placer. A ella le encataba ver su ropa tan cara tirada por el suelo, cerca de las botas viejas de él.
Siguieron toda la tarde, ella devoraba su miembro cada vez que tenía ocasión, él pensaba sorprendido que jamás le habían hecho nada tan bien. Era una mamada jodidamente perfecta.
Marcados por el deseo mutuo continuaron los días, pero a escondidas, lejos de ojos curiosos que los pudieran relacionar. Ella estaba en otra esfera social y él portaba tantas cicatrices internas que le aterrorizaba internarse más en aquel bosque de ortigas y yedra venenosa. Planetas cercanos pero en otra galaxia.
El adiós vino pronto, quizás antes de lo que él esperaba.
Quizás no lo esperaba.
 Pero el dolor se quedó recordando el contacto de la piel, y las charlas frente a la playa.
Y sí, aquellas mamadas perfectas también.

viernes, 18 de septiembre de 2015

ACERO



Una amiga me dijo una vez que no volviera a esos sitios donde una vez fui muy feliz. Entonces no lo entendí, incluso le llevé la contraria, pero después de comprobarlo, de sentir   esa sensación amarga y dolorosa de un recuerdo nostálgico que te lanza un directo al estómago, debo reconocer que tenía razón. Para qué volver.
Esta amiga se perdió en la niebla y como vino se fue, sin saber por qué, sin dar explicaciones desapareció de mi vida. Aún hoy me pregunto que hice para perder su amistad, pero la edad te va curtiendo y cada vez te importa menos. La coraza cada vez se va volviendo más dura y áspera. El metacrilato transparente se vuelve madera y poco a poco, decepción tras decepción, esa madera noble, curtida con el cuero de las risas, amores, desamores y sueños rotos se trasmuta lenta pero inexorablemente en frío acero. Acero que el tiempo endurece con cada vendaval huracanado.
En el espasmo de un orgasmo nos damos cuenta del fracaso y del triunfo, de lo importante y de lo banal. La edad te enseña la importancia de las cosas, poder ver el polvo que cubre las apariencias, vislumbrar los disfraces y caretas. Volverás a caer, y a levantarte pero cada vez más seguro de los que estás haciendo, cada vez más selecto. Tu tiempo es oro y tu corazón acero que protegerá indómito solo a quien se lo gane. Habrás sorpresas agradables y cada vez menos desilusiones porque el acero te protege de la intemperie asesina.



De acero soy de la cabeza a los pies
y el cielo es sólo un trozo de mi piel
de carne y hueso para ti
de carne y hueso sólo para ti.
Y no me escondo casi nunca detrás de un cristal
y no me corto cuando quiero volar
abre las alas junto a mí.
Que no nos queda tiempo no nos podemos parar
que somos como el viento quién sabe dónde irá
abre los ojos que te quiero ver
abre las piernas que te quiero amar.
Cada vez que te vas doy la vuelta a todo de una patá
cada vez quiero más, no me digas que soy un animal.
¿Dónde estás? ¿Quién es quién? si tú no vuelves ¿dónde va a florecer?
EXTREMODURO